miércoles, 8 de enero de 2014

Frío día de nieve (Capítulo 5º)



Sonic no dejaba de cambiar nervioso los canales de la televisión mientras escuchaba tararear de un lado para el otro a Amy. La eriza no podía estar más contenta de saber que esa tarde iban a quedar para salir ella y Albert. ¡Era su primera cita con un chico!

Ahora que había cumplido los 16 años, se sentía mucho más segura y madura. Tenía que elegir muy bien la ropa que iba a ponerse para acudir y causarle una buena impresión. Ni siquiera se hubiera imaginado salir con otro chico que no fuese Sonic, pero viendo que éste incluso se negaba a recibir un regalo suyo... 

Frunció el ceño y se volvió para seguir rebuscando en su armario con el fin de encontrar algo que la hiciese parecer más femenina. Había pensado en ponerse unos pantalones negros ajustados y un jersey de lana de color rojo pero no dejaba ver sus bonitas curvas, era demasiado ancho el chaleco. Luego probó con un traje largo pero aquello resultaría demasiado formal para su primera cita. ¿Y si llamaba a Sally o a Bunnie?, no es que fueran muy amigas pero al menos sabrían sobre citas, cosa que Cream no. Se lo pensó mejor y decidió seguir buscando por ella misma.

Mientras, Sonic no podía dejar de pensar que aquello era bastante extraño. ¿Por qué ese chico que acababa de conocer querría una cita con Amy? ¿Era eso a lo que llamaban flechazo? 
Suspiró pesadamente y siguió mirando la tele aburrido hasta que pasó la eriza por delante buscando algo en los cajones del salón. La respiración se le quedó trabada en los pulmones al ver lo que llevaba puesto. Al fin había elegido ponerse un ceñido vestido corto; era de color rojo y con bandas laterales a lo largo del cuerpo en color blanco. Se había puesto sus botas altas rojas y se había dejado las púas sueltas a la espalda como solía llevarlas cuando tenía 12 años; sin embargo, ahora le llegaban un poco más abajo de los hombros. 

No pudo evitar sondearla con la mirada para ver cómo había cambiado en aquel tiempo. Tenía una hermosa figura de mujer, de eso no cabía duda; sobre todo al fijarse en sus piernas. Se notaba que a Amy le gustaba cuidarse y mantenerse en forma, como a él. La verdad es que la chica corría bastante bien para no ser supersónica. Se sintió ruborizar al ser descubierto por ésta.
- Aunque la mona se vista de seda...- dijo éste para salir del paso.
- ¿Crees que me molestan tus insultos?- dijo echándole una mirada fulminante.
- ¿Es maquillaje eso que llevas?- dijo fijándose bien.
- Pues sí- dijo volviéndole la cara- Soy una chica y hacemos esas cosas para estar más guapas.
- ¿Y por qué vas vestida así? ¿Te vas de carnaval? Tú jamás te has puesto algo tan... ceñido.
- Vaya, fuiste tú quien dijiste en la cafetería que debía ser más femenina, ¿recuerdas?
Sonic se hundió en el sofá. Aquello era muy cierto, pero no lo decía en serio, a él le gustaba como vestía con sus leggins negros y sus jerséis anchos por todas partes. La hacían parecer natural.
- ¿Te das cuenta de que esa no eres tú?- dijo éste- No creo que ese chico quiera que cambies por él. Si de verdad le gustas es por cómo te conoció, no por cómo te vistas.
Amy se quedó seria y dudosa. La verdad es que no lo había pensado antes, pero ya no era momento para cambiarse. Estaba segura que así lo impresionaría mucho más. Lo había visto en cientos de novelas por la televisión y a las chicas que iban con sus novios a la cafetería se les veía un mínimo de interés por su imagen. Claro, Sonic lo que quería era arruinar su cita con Albert.
- Te agradezco el consejo pero creo que me presentaré así.
- Vas a pillar una neumonía ahí fuera con esa faldita tan corta. ¿No la había más larga?
La eriza no pudo evitar ruborizarse intensamente y girarse para coger su bolso. No pensaba contestarle que había descartado algunos más largos pero que la hacían parecer más niña. Aquel vestido le hacía sentirse mujer. ¿Qué había de malo en querer hacerse mayor?
- Te he dejado la cena lista por si tienes hambre, sólo te pido que no incendies la casa al calentarla.
- Muy graciosa- dijo frunciendo el ceño- Te recuerdo que vivo solo.
- Y aún me pregunto cómo sobreviviste- dijo con una risita- Me voy.
- Amy...- dijo de pronto. Ésta se volvió para mirarlo quien permanecía de pie enfrente de ella aunque algo alejado- No regreses muy tarde, por favor.
- Claro que no.

Cerró la puerta tras de sí y se apoyó pesadamente en ésta. La verdad es que le estaba empezando a dar bastante pena dejarlo solo y enfermo mientras ella salía a divertirse; pero parecía que se encontraba mucho mejor y sólo serían un par de horas. Seguramente, Sonic estaría bien.

Avanzó por las calles heladas. Habían quedado en verse en el parque de Mobotropolis, para lo más seguro irse después a la cafetería de Vanilla. No se le ocurría adónde ir más, pues era un pueblo pequeño sin mucho donde elegir.

Por suerte, cuando llegó Albert ya estaba allí esperándola sentado en uno de los bancos. Iba vestido con un abrigo de color beige con puños de pelo blanco, unos pantalones marrones y botas oscuras. Lucía como siempre esa maravillosa sonrisa que parecía iluminar el mundo a su alrededor, o al menos eso le parecía a Amy al contemplarlo. Por qué tenía que ser tan condenadamente guapo.
- ¡Hola!- dijo ésta alegremente saludándolo con la mano- Espero no haberme retrasado.
- En absoluto- dijo éste negando con la cabeza- Has llegado cinco minutos antes de tiempo.
- Entonces, ¿qué estabas haciendo aquí solo esperando?
- No quería llegar tarde y salí a dar una vuelta, pero el paseo fue más corto de lo que pensaba.
- Y acabaste aquí, ¿verdad?
- Exacto- le sonrió con dulzura.
Amy se sentó a su lado y miró al cielo, ya estaba atardeciendo y el color anaranjado con tonos violáceos era hermoso. Pronto las primeras estrellas estarían brillando en el firmamento. Aquella parecía ser una noche despejada, aunque algo más fría.
- ¿Dónde quieres que vayamos?- le preguntó la eriza finalmente viendo que éste se le había quedado mirando serio.
- Donde sea estará bien para mí, Amy.
- Bueno, pensé que te gustaría tomar algo conmigo en la cafetería- dijo ruborizada- ¿Te parece bien?
- Claro- dijo con la voz apagada- Amy...
- ¿Qué?- dijo la chica poniéndose muy seria.
- Hay... hay algo de lo que quería hablarte.
- Bien- asintió preocupada. ¿Por qué de repente se había puesto tan serio y no dejaba de mirarla?
- Verás, antes de que sea tarde...-suspiró-, quisiera que supieses algo. No quiero engañarte.
- ¿De qué me hablas, Albert?
- El motivo por el que quise quedar contigo a solas es porque tenía que contarte algo importante.
- ¿Algo importante?- dijo cada vez más nerviosa- ¿Qué es?
Albert suspiró pesadamente y se puso en pie para caminar de un lado a otro con las manos en la espalda. Parecía que tenía una gran lucha interna por decir lo que tenía que contarle. Al final tomó aire y la miró a los ojos con ternura.
- Amy, me caes muy bien y no me gustaría que nada te hiciera daño.
La eriza se ruborizó intensamente. Iba a contestar algo pero Albert siguió hablando.
- ¿Sabes por qué estoy aquí?- dijo mirando al cielo- Ya te dije que estaba de visita en casa de mis parientes, pero realmente no te dije el motivo.
- ¿Y cuál es?
- El verdadero motivo que me trajo hasta aquí fue porque mi tío me llamó. Desde que éramos niños Sally y yo...- hizo una pausa- estamos comprometidos. 
- ¡¿Cómo?!- dijo aturdida la eriza rosa- Pe- pero... ¡Sally nunca nos dijo nada!
- Porque ella tampoco lo sabe- dijo apenado- Fue cosa de nuestros padres.
Amy no sabía qué decir por lo que Albert continuó hablando para explicarle.
- Al principio, yo tampoco estaba muy convencido de querer casarme con mi prima. Apenas la recordaba de cuando venía en las vacaciones a verla; pero tengo que reconocer que es una chica muy guapa e inteligente. Creo que será una buena reina en mi país.
- ¿Qué?
- Por supuesto, su hermano Elías gobernará en lugar de su padre al igual que yo con el mío.
- ¿Entonces sólo has venido para buscar esposa? Bueno, a conocerla.
- Eso es- dijo llevándose una mano a la nuca avergonzado- No quería que pensases que me estaba aprovechando de ti o que intentaba algo extraño. Me caes muy bien, Amy. Eres muy simpática.
- Gra- gracias.
- Sólo quería pedirte un favor- dijo serio.
- ¿Cuál?
- Sé que a tu hermano le gusta Sally, ella me ha dicho que han salido juntos aunque no les duran mucho las relaciones. Si pudieras contarle lo que te he dicho lo harías mucho más sencillo.
- ¿Quieres que le diga que debe olvidarse de Sally?
- Al menos como algo romántico.
- Oh, ya veo...- dijo poniéndose en pie- Claro, por qué no. ¡Para qué están las amigas!
- ¿En serio?- dijo contento- ¿Lo harás por mí?
- Por qué no, total, te acabo de conocer y tú también me caes muuuy bien.
Albert no supo cómo interpretar ese comentario de ella, pero sonrió amablemente y le ofreció su brazo para marcharse juntos.
- Creo que es hora de que me vaya a casa- dijo Amy mirándolo- He dejado a Sonic solo y aún está con fiebre, estoy algo preocupada por él.
- Pero si estabas dispuesta a que saliésemos.
- Sí, pero me lo he pensado mejor- dijo con una sonrisa fingida.
- Es por lo que te he dicho, ¿verdad?
- ¡En absoluto! ¡Puedes irte tranquilo!
Éste se le quedó mirando muy serio pero parecía que la chica insistía y se despidió finalmente de Amy. Sin embargo, ésta cuando se quedó sola se sentó en un columpio del parque y se quedó con la mente en blanco. ¿Cómo diantres le iba a decir semejante disparate a Sonic? ¡Él siempre había estado enamorado de Sally! El corazón se le había acelerado a mil por hora. Se sentía perdida,- ¿y ahora qué?-, se preguntaba en la fría noche.

Mientras, las horas iban pasando en el reloj y Amy no regresaba todavía.
Sonic estaba cada vez más nervioso porque la chica no regresaba a casa. Estaba decidido a salir a buscarla cuando sintió que la puerta se abría lentamente para dejarla ver con las mejillas coloradas y temblando de frío. El pulso se le aceleró en las venas.
- Amy- dijo enfadado- ¿Dónde has...?
Cuando se acercó y le tomó las manos las tenía frías. Le besó la frente para comprobar que estaba ardiendo por la fiebre. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué estaba helada? 
- ¿Cuánto tiempo llevas en la calle?
- ¿Qué?- dijo aturdida- No lo sé. ¿Qué hora es?
- Casi las doce.
- ¿Tan tarde es?- dijo mareada- Será mejor que prepare el sofá.
- No, vamos a tu habitación- dijo tomándola en brazos- Necesitas descansar.
- Estoy bien- dijo tosiendo- No me pasa nada.
- Vale, chica dura- dijo sonriéndole-, pero por hoy hazme caso.
Amy asintió con desgana y se dejó transportar hasta el dormitorio. Sonic salió un momento para que ésta pudiera cambiarse de ropa y ponerse el pijama. Cuando pasó un rato considerable llamó a la puerta para ver si estaba presentable.
- ¿Puedo pasar?- dijo desde detrás de la puerta.
- Sí, pasa- dijo arropada todavía entre temblores.
- Te traje algo para la fiebre y un vaso de leche caliente para que entres en calor.
- Gracias.
Sonic se la quedó mirando mientras se tomaba el analgésico con la leche.
- Será mejor que vaya a descansar yo también- dijo dándose la vuelta.
- ¿Por qué no te quedas?
- ¿Qué?- dijo con el corazón se le aceleró- Estás delirando, Amy.
- Por favor- dijo con lágrimas en los ojos- Necesito...
- ¿Qué pasa?- dijo sentándose en el borde de la cama- Dime qué necesitas.
- Quiero que me abraces- dijo lanzándose a él entre lloros.
- ¿Qué te ha hecho ese imbécil?
- Nada- dijo sorbiendo- No ha pasado nada.
- Está bien- suspiró- Es muy tarde; estás enferma y deliras por la fiebre. Será mejor que duermas y ya mañana me lo contarás todo.
Amy permaneció callada con la mirada baja.
- Hazme sitio para que podamos tratar de dormir.
- ¿Qué?- lo miró incrédula.
- ¿Quieres que me quede o no?
- Sí.
Ambos se acostaron uno junto al otro con la mirada hacia el techo muy ruborizados. Habían apagado las luces y todo permanecía en absoluto silencio. Sonic jamás pensó que llegaría a verse en esa situación en su vida. ¡Estaba durmiendo con la mismísima Amy Rose!
- Amy...- dijo para hablar con ella, pero al darse la vuelta para mirar a la chica ya se había quedado dormida. Sonic se la quedó observando en la penumbra como respiraba plácidamente  a su lado. No pudo evitar que una pequeña sonrisa asomase a sus labios al ver aquel rostro tan lindo y sereno. Sintió que los párpados le pesaban cada vez más hasta que él también cayó en un profundo sueño.

Continuará.

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