viernes, 4 de mayo de 2018

VIERNES FAN: Sonic Fallout, Parte 2 (por Gabriel Manrique)

 Fanart por: Akusuru

 II

Comedia y Drama

Era una mañana despejada, con un sol cálido y una brisa fresca, en la ciudad de Central City. Para la época en la que estaban, otoño, ya los árboles estaban libres de sus hojas y las noches se volvían algo frías.

La ciudad sufrió un notable crecimiento en su población desde la guerra pasada. Muchas personas habían decidido mudarse a algunas de las ciudades que se salvaron de los ataques, y una de ellas era Central City. Aun así, a pesar de su repentino crecimiento demográfico, la ciudad seguía conservando su relativa tranquilidad.

Pero entre la paz de aquella mañana de domingo, unos coloridos personajes vinieron a perturbar la tranquilidad con su abrumadora rapidez.

— ¡Apresúrate Tails, por lo que más quieras! — gritó Sonic a su amigo a través de su comunicador de pulsera.
— ¡Voy lo más rápido que puedo!

Sonic corría con una prisa sin precedentes a través de las calles de la ciudad. Tails lo seguía, haciendo un esfuerzo tremendo en alcanzarlo, pero le era imposible. Tenía al erizo catorce calles delante de él, y seguía sacándole ventaja con cada segundo que pasaba. El viento arreciaba con poderosa fuerza cuando pasaban ellos esquivando los vehículos, y a la gente les llegaba a los oídos el sonido del aire cortado por su asombrosa velocidad.

Sonic corría con una desesperación impropia de él, como si quisiera evitar una catástrofe inminente.
— ¡Por todos los cielos! Tengo que llegar ya, ¡o será demasiado tarde! — exclamó para sí.
— ¡Sonic! ¡Quedan siete segundos! — gritó Tails por su comunicador — ¡No lo lograremos!
— ¡No! ¡Nunca me rendiré! — gritó a todo pulmón.

Incrementó la velocidad con un nuevo turbo y los vidrios de los alrededores estallaron en un estruendo ensordecedor, con los árboles inclinándose por el enorme viento que el erizo azul levantó.
A la velocidad del rayo ingresó en un enorme supermercado como un destello azulado. Recorrió las góndolas de manera instantánea y en un parpadeo ya se encontraba en el mostrador, con un carrito de compras que tenía salchichas, pan, botellas de salsa picante y queso. Muchos productos de todo el súper se quedaron tambaleando en sus estantes debido al viento que produjo Sonic. A los pocos segundos, llegó Tails.

— Tres, dos… — contó el zorro con nerviosismo.
— ¡Siguiente! — dijo la vendedora en la caja.
— ¡Eso es! — exclamó Sonic triunfante — ¡Con un segundo antes estamos dentro del período de la oferta! ¡Tres por uno en salchichas y pan para perros calientes!
— ¡Sonic, eres mi héroe! — exclamó Tails, también lleno de alegría — Y pensar que casi no lo logramos…
— Claro, amigo. Toda una tragedia — contestó la vendedora con aburrimiento, terminando de pasar la mercadería — Son cincuenta y ocho rings.

Al cabo de unos momentos, el erizo y el zorro se encontraban caminando mientras llevaban unas cajas grandes con sus compras. Los rostros de ambos cambiaron drásticamente, de la preocupación absoluta, a la más pacífica tranquilidad. Ni siquiera parecía que hubieran hecho semejante escándalo como el de hace un rato. Porque si se trataba de chilli dogs, Sonic y Tails se lo tomaban muy a pecho. En especial el erizo.

— Creo que con esto tendré para las próximas dos semanas — comentó Sonic.
— Tu dieta no se basa exclusivamente en chili dogs, ¿verdad? — preguntó su amigo.
— Por supuesto que no. A veces también como pizza.
— ¡Cielos! Me sorprende que todavía puedas correr — comentó Tails girando los ojos.
— ¡Touché! Por cierto, ¿a qué hora dijo Amy que las pasáramos a buscar?
— En media hora. Aún tenemos tiempo.
— ¡En marcha entonces!

Al cabo de un rato, luego de dejar las salchichas en el refrigerador y los panes en la alacena, en casa de Tails, ambos se dirigieron al departamento de Amy. El mismo se encontraba unas cuantas calles al norte, llegando a la parte céntrica de la ciudad. Esta vez marcharon sin tanta prisa y llegaron en pocos minutos.

Tocaron el timbre del departamento y, luego de un momento, bajaron Amy, Cream con Cheese, y Sticks. Se podía notar, por la expresión de la tejón, que no se sentía muy cómoda con la ciudad. Y se encargaba de hacérselo saber a los demás.

— ¡Ya no aguanto este lugar! — dijo con su voz chillona — ¡Todo el tiempo se oyen los ruidos de los autos, motocicletas, autobuses, barcos y aviones!¡Y bocinazos que no te dejan dormir la siesta! ¡Es un maldito loquero!
— No es para tanto, Sticks — dijo Amy — Además, tienes que respetar el trato. Todavía te quedan catorce días para terminar el plazo. Después podrás volver a Green Hill a estar sola y lejos de la civilización.
— ¿Por qué estás en un lugar en el que no quieres estar, Sticks? — preguntó Cream con inocencia.
— Porque nuestra buena amiga me prometió que le daría una oportunidad a la ciudad y trataría de no ser tan salvaje — contestó Amy mirando a la tejón con insistencia — Por eso vino a vivir conmigo desde ayer.
— ¿Y ya te cansaste? — preguntó Cream llevándose un dedo al labio inferior — Apenas pasó un día.
— Lo suficiente para odiar este lugar — dijo Sticks con el ceño fruncido — Mejor vámonos de paseo a, a… ¿A dónde vamos?
— A Music Plant — dijo Sonic conteniendo la risa — ¡Si te molesta el ruido, entonces amarás ese lugar!
— ¡Sonic! —regañó Amy.
— ¡Espera! ¡No es tan malo! — continuó Tails al ver que la tejón daba media vuelta — Verás que es muy bonito y la música que tocan es suave y contagiosa. ¡Te va a gustar!
Sticks se quedó de brazos cruzados mirando de reojo a sus amigos, y luego de unos momentos suspiró.
— De acuerdo… Iré — accedió finalmente.
— ¡Esa es la actitud! — dijo Sonic — ¡Vamos! Tails nos llevará en el Tornado.

El avión, que estaba estacionado en la acera, en seguida se llenó con sus tripulantes. Con Tails como piloto, Cream con Cheese en el asiento de atrás y los demás sobre las alas, se encendió el motor y volaron rumbo a la ciudad de la música. Así dieron inicio a ese día de paseo. Como no tenían prisa, marcharon a vuelo lento y llegaron en unas tres horas a la isla que contenía, entre otras ciudades y paisajes maravillosos, a la gran metrópolis. De por sí era una especie de parque de atracciones gigantesco que también se había salvado de ser atacada durante la guerra.

Desde todos los puntos de vista, Music Plant era un auténtico festival de colores, instrumentos musicales y arte. Incluso muchas de las estructuras edilicias estaban hechas a base de platillos, teclas de piano, bombos o saxofones. Las calles estaban atestadas de personas y músicos ambulantes.

Tails aterrizó el Tornado en una de las tantas pistas públicas que tenía la ciudad a disposición de los pilotos particulares. Con esto se aseguraban una cantidad constante de turistas (y de ingresos, por supuesto).

Los chicos bajaron del avión y se dirigieron a las calles. Aunque Sticks tenía los pelos de punta ante tanto colorido y muchedumbre, se terminó sorprendiendo a sí misma al ver que no le disgustaba tanto. Lo curioso era que la música que se tocaba no era molesta ni bulliciosa, ni siquiera ruidosa, sino que parecía acompañar a los turistas a conocer aquel bello lugar.

— No está tan mal — dijo mientras caminaban — Y la música es agradable.
— Sabía que te gustaría — dijo Sonic levantándole el pulgar — Hace mucho que no vengo a este sitio. Parece bastante cambiado.
— ¡Sí! Recuerdo que no había gente en las calles cuando Eggman tomó la ciudad — dijo Amy — ¡Hasta que llegamos y lo sacamos a patadas!
— Oigan, escuchen… — mencionó Cream levantando las orejas — No lo había notado. ¡Todos los músicos están tocando la misma canción!
— Sí, eso hacen aquí — continuó Tails — Tocan las canciones de acuerdo a los rostros que ven en las personas, tratando de reflejar sus sentimientos.
— Fiuuu… — silbó Sonic — Eso es muy genial.

Los chicos se pasaron la tarde recorriendo la ciudad. Visitaron algunos centros comerciales, fueron a comer en un pequeño local de comida rápida, y entraron a algunos locales de música. A Sonic le llamaban la atención las guitarras eléctricas y dudó en comprar alguna, pero lo dejó para después.

Ya había comenzado a anochecer cuando emprendieron el camino de vuelta hacia el Tornado. Estaban bastante lejos de las pistas de despegue públicas, pero como no tenían prisa, continuaron su camino andando. Sticks se mantenía detrás, mirando con algo de recelo los enormes edificios luminosos que, por supuesto, tenían parlantes en sus azoteas y transmitían todavía más melodías a las canciones que tocaban los músicos ambulantes. Sonic y Amy iban conversando delante, mientras que Cream y Tails charlaban unos metros detrás. La tejón iba detrás de ellos.

— Pues… ¿Cómo van tus cosas, Cream? — preguntó el zorrito.
— Bien. La semana pasada volvió Gemerl de sus viajes.
— ¿Estuvo todos estos meses fuera de tu casa?
— Oh, no. Primero se había ido cuando pasó lo de los zetis. Al tiempo regresó, pero volvió a marcharse. Y ahora regresó otra vez.
— Parece que está buscando algo.
— Me dijo que sentía una extraña energía que provenía de algún lado. Le dije que podría ser la gema esa, em… ¿Cómo se llamaba?
— Aurora.
— ¡Esa! Pero dice que no. Es algo que comenzó a perturbarlo desde aquel momento, y que ahora lo siente con más fuerza.
— Qué extraño… — dijo Tails con una mano en el mentón — Desde que destruimos esa gema, no volví a detectar firmas de energía diferentes a las de las Esmeraldas Caos.
— ¿Será que Gemerl se está averiando? — preguntó la coneja con su tono de inocencia. 
— No sé si es eso exactamente. Ya sabes que fue construido con los datos de Emerl, y él tenía una gran capacidad para detectar las esmeraldas. El doctor Eggman no pudo lograr que Gemerl fuese una réplica exacta de Emerl. Tal vez por eso confunde las firmas de energía de las esmeraldas y piensa que es otra cosa.

Emerl. Recordarlo resultaba doloroso para todos, y en especial para Cream. El robot había sido un gran compañero para ella, la había protegido y arriesgado su existencia para cuidarla. Además de que la había ayudado a ser más fuerte y con esto poder ser más útil en el equipo, cosa que ella anhelaba mucho. Tails pudo notar cómo los semblantes de la coneja y de su chao se entristecieron levemente al escuchar su nombre.

— Emerl… — dijo Cream — Lo extraño de veras… Gemerl se parece un poco él, pero no es lo mismo. Quiero decir, Gemerl es un buen amigo también y es irremplazable, igual que Emerl. Bueno, no quise compararlos, pero tú me entiendes… ¿verdad?
— Sí, claro que sí — y le sonrió para darle confianza — Es como si fuesen hermanos, y al mirar a uno no puedes evitar recordar al otro, y eso a veces duele. Pero Gemerl es distinto, como cada uno de nosotros; es irremplazable. Y no te preocupes por él; ya lo revisaré estos días.
— ¡Gracias Tails! ¡Eres un buen amigo! — comentó ahora con una sonrisa.
— ¡Ni lo menciones! — dijo el zorro con una leve risita.
— ¡Chao chao! — exclamó Cheese.
— Dice que eres muy amable — comentó Cream.
— Gracias, amigo. Por cierto, ¿cómo está tu hermano Chocola?
— Chao chao, chao chao. ¡Chao chaoooo! Chao chao chao, chao — y a lo último dio un giro en el aire.
— Dice que se fue a conocer al grupo de chaos que salvaron Soleanna. Cuando lo vieron lo hicieron jugar a tantos juegos que se terminó mareando — tradujo la conejita.
— ¡Wow! Eso es fantástico — y le guiñó un ojo a Cheese — Siempre me he preguntado cómo es que puedes entender el lenguaje de los chao.
— Pues la verdad ni idea — y soltó una risita — Pero siempre los entendí. Al principio solamente podía saber si estaban enojados, tristes o alegres. Pero después terminé sabiendo justo lo que querían decir. Supongo que es un misterio.
— Eso es asombroso.
— ¿Tú crees?
— ¡Por supuesto! Ya me encantaría poder comprender lo que dicen. A veces ni siquiera puedo entender a Sonic o a Knuckles.

Esto último hizo reír mucho a Cream y a Cheese. No solía hablar mucho con la coneja, pero cuando lo hacía terminaban pasándoselo en grande. Y es que, en ese momento, Tails sabía que ella necesitaba algo para sentirse mejor. Y hacerla reír era justo lo indicado.

De pronto apareció Sticks detrás de ellos y los interrumpió con una declaración poco esperada.
— ¿Saben? Ahora que lo pienso, creo que esta ciudad fue construida como un atractivo turístico para entretener a la gente y evitar que luchen contra los opresores que convierten nuestros queridos árboles en violines — dijo la tejón.
— Em, creo que deberías relajarte un poco, Sticks… — dijo Tails con algo de vergüenza ajena.
— ¡Sí! Tienes que disfrutar el momento. Como siempre dice el señor Sonic — comentó Cream.
— ¡Chao! — remató Cheese moviendo las manitos.
— ¡Pssht! Bueno, en realidad no tenía muchas ganas de venir — y lo siguiente lo dijo en voz baja — Además, parece que me trajeron para que esto no parezca una cita doble.
— ¿Qué cosa? — preguntó el zorrito al no haberla oído bien.
— Nada.
Pero Cheese sí la oyó, y se llevó la mano al mentón, pensándolo.

Ahora se encontraban en mitad de la calle, caminando tranquilamente. Pero no se dieron cuenta de que alguien los observaba. Unos ojos inquietos los perseguían en la lejanía. Parado sobre un edificio, el individuo los vigilaba sin temor a ser descubierto. La oscuridad de la noche era su cómplice, la negrura su camuflaje y el silencio, su compañero.

Sus ojos contemplaban con extrema atención a su objetivo, quien reía alegremente en medio de sus amigos. Sus ojos miraban fijamente a Sonic the Hedgehog.

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En ese momento, muy lejos de allí, la base GUN de Shamar estaba realizando operaciones de rutina. La antigua fortificación y fábrica de Eggman estaba ahora ocupada por agentes y soldados del gobierno, científicos, técnicos y equipos auxiliares de mantenimiento.

En la enorme mina, de estructura de cono invertido, repleto de terraplenes, las grandes instalaciones del doctor habían quedado intactas por órdenes del Comandante. Los procesos industriales de pulverizado y purificación de los anillos estrella roja seguían siendo un misterio aun para los más destacados científicos. ¡Ni que hablar de los sistemas de catalización heterogénea de los microcristales, ni de los procesos de fabricación de las cápsulas de pulso electromagnético, ni la hibridación de los compuestos de coordinación! O de los cientos y cientos de detalles técnicos que maravillaban y desconcertaban por igual a científicos e ingenieros. Obviamente, el doctor Eggman estaba decenas de años adelantado a la época.

En general, los soldados de GUN se mantenían haciendo guardia las veinticuatro horas en los principales accesos a la gigantesca mina que albergaba las fábricas. Tenían escuadrones de tanques y robots, como los F-6 Big Foot, R-1 Flying Dog y los Laser Hornet, además de los típicos Mono Beetle. Luego de la desaparición de Eggman, se pensaba que toda fuerza militar dispuesta en las bases conquistadas del doctor era insuficiente para contener un posible contragolpe. Pero con el correr de los meses, esta idea fue menguando, al igual que las fuerzas dispuestas como defensa.

Era de noche ya en Shamar, por lo que la base estaba iluminada con las luces artificiales. Los científicos y técnicos continuaban sus arduos trabajos de investigación de la tecnología del doctor en las fábricas, mientras algunos ingenieros intentaban descifrar los misterios de sus avanzadísimos robots. Por otro lado, los guardias continuaban con su vigilancia habitual, tan aburridos como siempre, pues nada pasaba. Nada, hasta ese momento. Las nubes en el cielo no les permitieron a los soldados divisar la nave que se acercaba peligrosamente. Y menos lograron ver tres pequeños deslizadores parecidos a Extreme Gears, con sus pilotos sobre ellos.

Carrotia, la hermosa coneja blanca de ojos verdes, iba al frente mientras sus compañeros, Bearenger el oso y Falke el lobo azul, la seguían a ambos lados. La coneja iba vestida con una especie de keikogi verde oscuro con un moño rojo detrás de su espalda, guantes del mismo color y los brazos descubiertos. En cada una de sus orejas tenía atado un moño rojo más pequeño.

Falke tenía los ojos azules, al igual que todo su cuerpo, incluida su cola tupida. Algo de pelaje le invadía el pecho, tenía colmillos largos y filosos, anillos dorados en las muñecas y zapatillas azules.
Por otro lado, Bearenger era casi todo marrón salvo por su pelaje blanco en su pecho, con anillos verdes y rojos en cada una de las muñecas y zapatillas de los mismos colores. Poseía una gran musculatura y enorme tamaño. Casi todo el tiempo mantenía una mirada terrible con sus ojos carmesí.

Carrotia contempló la base desde el cielo, sonrió con satisfacción y dio la orden a sus compañeros. Entonces los tres saltaron de sus tablas voladoras, las cuales los siguieron automáticamente. Los tres individuos se estiraron en el aire para caer con mayor velocidad y aterrizaron en el suelo, con un fuerte estruendo y los puños en el piso.

— ¡El doctor Eggman envía sus saludos! — gritó Falke con una sonrisa maliciosa y ojos brillantes.
Los soldados de GUN no tuvieron tiempo para reaccionar cuando fueron atacados por los animales. Carrotia se movía con una agilidad impresionante y una gran velocidad, y con ellas lograba esquivar los disparos de los soldados. Conectaba golpes y patadas poderosas que los mandaba a volar sin dificultad.

Falke, por su parte, prácticamente desaparecía de la vista de los soldados de lo veloz que se movía y los atacaba por detrás. O los tomaba de la garganta de frente y los ahorcaba con placer. De uno de los caídos tomó un fusil y disparaba a voluntad contra los que se encontraba y, cuando se quedó sin balas, comenzó a disparar bolas de energía carmesí de sus manos.

— ¡Qué divertida es esta misión! — gritó Falke con energía — ¡Mueran, mueran!
— No te sobresaltes, amigo. Esto no supone ningún esfuerzo — le dijo Carrotia — Es casi aburrido.
— ¡Dejen de hablar y destrúyanlos! — les dijo Bearenger.

Carrotia y Bearenger también tenían la habilidad de disparar energía, y la usaron muy a menudo. La alarma general resonó con fuerza. Los tanques y robots blindados comenzaron a aparecer en el campo de batalla, y Bearenger se tronó los dedos con satisfacción. Con una agilidad sorprendente para su peso y tamaño, llegaba rápidamente a los robots y los destruía de un solo golpe. Tan fuertes eran sus puñetazos que cada tanto saltaba e impactaba sus manos contra el suelo, generando una onda expansiva que mandaba a volar a los soldados que lo rodeaban.

Las torretas de la base giraron y lanzaron su lluvia de balas y misiles sobre los atacantes, pero estos los esquivaban. El alboroto de las ametralladoras y las explosiones resultaba infernal, y los estallidos iluminaban porciones enteras de la base. Dentro de las instalaciones, los investigadores dejaron de trabajar por los estruendos que escuchaban de afuera. Todos miraban con espanto las cámaras de seguridad y veían horrorizados cómo los soldados caían.

— ¿Qué rayos es eso? ¿Qué está pasando allá? — gritó un técnico.
— ¡Están atacando la base! ¡Bloqueen las puertas! Si nos atrapan aquí, nos matarán — ordenó un ingeniero.
— Pero ¿quiénes son esos que nos atacan? ¿Por qué?
— ¡Cierren todas las entradas! ¡Ya!

De la nave del cielo comenzó a caer todo un escuadrón de Egg Shooters, y una vez en el suelo abrieron fuego indiscriminadamente contra soldados y máquinas de GUN. El traqueteo de sus ametralladoras resonaba con fuerza y las balas amarillas atravesaban el aire a gran velocidad.

Un F-6 Big Foot hizo aparición, y luego de disparar algunos misiles contra los Egg Shooters, Carrotia corrió hacia él y lo despedazó con una fortísima patada voladora. Cayó de pie y se miró las uñas de las manos, mientras el mecha terminó explotando detrás de ella.

— Como dije, aburrido — comentó.

Un Laser Hornet salió de los hangares y disparó sus rayos de energía. Logró acabar con tres máquinas del doctor, pero luego fue volado en pedazos. Explotó y a través de sus llamas emergió Bearenger, bajando el puño que acababa de usar.

— No me molesta ocuparme del trabajo sucio — dijo el oso — pero espero que ese Eggman no se abuse. No quiero ser un simple matón para siempre.
— Tú tranquilo — le dijo Carrotia — En cuanto el doctor se apodere del mundo nos dará un país o dos.
— Pues yo prefiero matar — dijo Falke arrastrando un soldado del brazo — ¿Y tú por qué lloras, eh? ¿Quieres ver a tu mami?
— Acábalo de una vez, psicópata — lo reprendió Carrotia — No pierdas el tiempo haciéndolo sufrir.
— Como digas, jefa — acto seguido lanzó al pobre infeliz a una pared con gran fuerza — ¿Continuamos?

El resto de la batalla siguió del mismo modo y las fuerzas de GUN fueron destruidas casi sin esfuerzo por los atacantes. Al final sólo quedaron los científicos, técnicos e ingenieros dentro de las fábricas.

Al cabo de un tiempo todo quedó en un silencio sepulcral, interrumpido por los pasos de Carrotia, Bearenger y Falke. Los tres se reunieron en un punto luego de la matanza.
— Todavía quedan los investigadores — dijo la coneja — Deben estar escondidos dentro de las fábricas.
— Los acabaré — dijo Falke llenando sus puños con aquella extraña energía roja.
— Cálmate. No queremos matarlos — dijo Bearenger — Además, ¿qué sentido tiene eliminar a alguien que no puede defenderse?
— ¡Está bien! Son unos aguafiestas — dijo el lobo azulado, apagando sus manos.
— Vayamos a buscar a esos tragalibros de una vez — dijo el oso.
Los tres se fueron a una de las fábricas y Bearenger destrozó la puerta de un puñetazo. Entonces entraron y vieron a los científicos, quienes los miraban con terror algunos, con odio otros.
— ¡Ustedes! — exclamó Carrotia — ¡Esta base es nuestra! ¡Lárguense de aquí antes de que me arrepienta!
— ¡Monstruos! ¡¿Quiénes son?! — exclamó un hombre adulto con indignación — ¡¿Por qué han hecho esto?!
— Somos los Witchcarters, y digamos que necesitamos estas instalaciones para unas operaciones muy importantes — dijo Carrotia — ¡Ahora váyanse! No volveré a repetirlo.

Todos los investigadores tuvieron obedecer y comenzaron a salir de sus escondites con las manos en alto. Poco a poco se fueron de la mina, ante la atenta vigilancia de los Egg Shooters.

Ya se había acabado todo. Falke estaba con su tabla voladora debajo del brazo, recorriendo la base con calma mientras buscaba algo de su interés. Bearenger curioseaba los restos de las máquinas de Eggman, para luego fisgonear en los almacenes de los soldados de GUN. Allí encontró una buena cantidad de comida que comenzó a devorar, pero que luego compartió con sus camaradas.

Mientras tanto, Carrotia tomó su teléfono y se contactó con su jefe.
— ¿Hola doc? El trabajo está hecho. Puedes enviar a Lyric. Esta base vuelve a ser tuya.

Continuará


¡Muchas gracias a Gabriel Manrique por su increíble relato! Pero no se acaba aquí y pueden seguir la continuación si lo desean en su página de Fanfiction:  Visita su perfil aquí.

Esta es la secuela de su otro fic, 'Sonic Lost World: La gran guerra', aunque no necesitas leerla para poder entender el nuevo fic.

Ojalá se animen a participar como nuestro amigo Gabriel.

Feliz fin de semana.

3 comentarios:

  1. ¡Gracias por subir mi fic! Me gustó la imagen que le añadiste.

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  2. está genial, sigue amigo...estoy con ansias de saber que más pasará

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    1. Gracias! Podés ver los otros capis en el link que puso Esther.

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